Esta pashmina fue hilada y tejida a mano en la Puna de Jujuy, donde el viento y el silencio guardan secretos ancestrales. Cada hebra de lana de llama fue cardada con técnicas transmitidas de generación en generación, respetando los tiempos de la naturaleza.
Los tonos que ves no provienen de tintes, sino del propio manto de los camélidos, lo que hace que cada pashmina sea única e irrepetible, como quien la lleva consigo. No es solo una prenda: es un fragmento de la tierra andina, tejido con paciencia, calor y memoria.